Han sido recientemente editados en Colombia, parte del libro que la dibujante Muriel Frega y yo hemos creado. Se puede visualizar on line desde el site de la editorial.

http://www.comicroad.net/?p=362


Louise Borgeois, “ El retorno de lo reprimido”- Fundación PROA- marzo-junio 2011.

Como un portal o un testigo silencioso, la escultura de la araña en la entrada del PROA, nos previene acerca de la intensidad que concibe la artista su obra. Símbolo de la imagen materna: tejedora, cuidadora de su nido, pero también cazadora y oscura. Continue reading ‘Louse Bourgeois en el Proa’


Realizada el 25/3/2010

“Video performance: El instante creativo es efímero e intrasmisible
Elenco: Javier Barrera

Sonido: Carlos Lescano- Leonardo Fussaro

Dirección de Video: Paulo Toro

Arte corporal: María Laura Aguiló

Música: Rodrigo Vaiven


¿Qué parte de la vinculación divina que algunos teóricos del arte intentan describir desde la concepción aurática de la obra queda sobre el lienzo o la piedra, la acción o el monumental edificio?  

Edición de la segunda quema realizada. A la brevedad subiré la última y definitva

 http://www.youtube.com/watch?v=N8c1zpRk2JY


http://revistapamela.blogspot.com/

Podrán seguir la historia en este link. Realizada de la mano de Muriel Frega con guión de mi autoría.



Casi

23Ago09

En dos días cumplo años. La última vez que hablé con mi abuelo, hace tres años, me dijo que en su época la gente no creía que existiera la raza humana para el 2135. Los animales no sobrevivieron. Pero acá estoy, mi primera misión desde que me enrolé en el Cuerpo de Prevención y Orden.

A mi amigo Hetch también lo asignaron al mismo grupo de refuerzo.

Hace más de noventa años que convivimos con seres de dimensiones alternativas. Nadie conoce de donde vienen. Traen armas poderosas y atacan. Se aparecen de la nada y salen a la caza de humanos, como en un juego. Hace dos años descubrimos la manera de  detectar el lugar donde se están materializando con bastante precisión.

Lo cierto es que tenemos que sitiar un viejo edificio en Ciudad Baja, y habérnoslas con un grupo de sitshs. Al CPO no le importa demasiado que se carguen a los marginales que viven ahí, pero la idea es que no traspasen las murallas.

Miro por primera vez como luce el altísimo muro y las cúpulas de Ciudad Alta, mientras  las sobrevolamos en dirección a las ruinas.

 Aterrizamos en la azotea del edificio. Bajamos corriendo la escalera, con las armas en la mano, llegamos al piso doce y el jefe rompe la cerradura con un disparo, entramos a un cuarto amplio y oscuro. Esquivamos huesos humanos. Al principio no reparamos en las formas trasparentes que se encuentran contra la pared. Después Hetch, grita: ¡Ahí están! Todos apuntamos esperando la orden del jefe. Pero aún no hay riesgo, están a medio camino de tomar forma.

El jefe aprovecha para rodearlos con cinturones de seguridad, apresándolos por encima de los codos, antes que terminen de desaparecer, o de materializarse. Aún no lo sabemos.

Los observo con miedo, nada me había preparado para esto. Las caras son peludas y plateadas como antiguos simios, la mirada vacía y animal.

 No hay temor en ellas, ni siquiera odio. Ninguna expresión con la cual me haya encontrado antes.

Ahora, los enemigos obtienen solidez, y el jefe nos grita que les apuntemos.

Uno de los sitshs lo mira directamente  a los ojos y le habla en vos susurrante en una lengua que no entiendo. EL jefe le contesta en la misma lengua y le arrebata el arma de la cintura y se ríe a carcajadas.

El sitshs no se ríe, simplemente rompe el cinturón de seguridad, y toma el arma de las manos de mi jefe, lo mira a los ojos y dispara a Hetch destrozando su cara. El jefe cae de otro disparo, antes de poder gatillar. Después, el resto de los prisioneros se liberan de los cinturones, y nos apuntan. No tendremos oportunidad, sus armas son superiores a las nuestras y ellos además tienen una velocidad de reacción que los humanos no poseemos.

Alguien grita. Tres de nosotros escapamos del departamento y nos agolpamos frente al ascensor. Unos segundos después soy el único que baja corriendo por las escaleras. Siento un ardor intenso en la pierna.

Mientras bajo, escucho gritos y detonaciones. Corro, me tropiezo, estoy sin aire, me golpeo. Hasta llegar a la planta baja.

La calle esta oscura y no se ve a nadie, sangro bastante. Como puedo, esquivo escombros y metales oxidados, me escapo por callejones destruidos. Hay gente escondida entre los escombros. Sé que viven ahí  y comen lo que pueden. Comen mierda, y nos odian. Tengo miedo de todo.

No encuentro mi arma, estoy herido, y las fuerzas se me acaban. Veo al final de la calle un tinglado en pié y me dirijo arrastrando la pierna.  Nadie me sigue. Seguramente los sitshs ya salieron del edificio y se encuentran cazando.

Creo que el disparo desgarró el músculo hasta el hueso, puedo ver algo blanco entre la sangre que sale a borbotones. Después se me nubla la vista.

 Un gusto amargo me despierta. Una chica me pone un líquido en la boca. Estoy en una cueva formada por vigas de metal y bloques de cemento.  Identifico el líquido: agua contaminada, la única que existe en esa parte de la ciudad. Pero lo agradezco de verdad. El rostro que tengo en frente, está sucio, luce casi humano. Tiene el pelo enredado, la piel sucia y manchada de radiación. Edad: indefinida, las mujeres que viven en las ruinas pueden tener mi edad y ya ser madres de varios niños.

Ella debe de haberme vendado la pierna, que ya paró de sangrar. Evalúo mi situación: no tengo comunicador ni armas, es improbable que envíen a alguien a recoger pedazos de soldados. La Ciudad Alta no está tan lejos, voy a intentarlo. Pero me es fácil levantarme, las piernas no responden. La chica se ha ido de mi lado y me encuentro solo y con mucho frió. Me dejó una botella con el agua amarga. Voy a  dormir hasta que tenga fuerzas de moverme o de morir tal vez…

Me despiertan disparos y gritos. Instintivamente me arrastro a lo más profundo del túnel. Hay mas personas allí, entre ellas la chica del agua. Nadie habla, nos une la humanidad y el miedo.  

Desde donde estamos vemos pies que corren y cuerpos que caen entre gritos Una mano lastimada que aferra el escombro como última señal. Después el silencio.

La herida está caliente, y tengo  fiebre. La gente se dispersó. Estoy sólo. No me rechazaron, tampoco me integraron ¿hubiera yo en plena guerra, levantado del piso a alguno de ellos? La supervivencia debe de estar en algún gen que no es posible desterrar. Dejar al débil, al herido y al anciano en el camino.

He decidido caminar hasta la ciudad alta, uso una madera angosta como muleta. Hay solamente un kilómetro hasta allí, pero debo de parar cada 20 o 30 metros. Tengo la esperanza que cuando llegue a la puerta algún humano pueda identificarme como un soldado que se reporta después de una batalla.

Pero lo dudo, luzco como los marginales y además las cámaras no piensan, esperan contraseñas que no poseo y disparan sin necesidad de recibir orden alguna. Voy simplemente arrastrando mi pierna destrozada hacia el final, como un animal que apura su hora, justo hoy, que casi cumplo 17.

óleo de 1m x 1m