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Experiencia Rosa- Fotonovela proyectada.

 

Cuando entrás te colocan anteojos para ver en 3 D. Ya sentado, se te introduce en una serie de fotografías que cuentan una historia de amor adolescente, de niña fantasiosa que anhela volverse mujer. La historia es tragicómica, la muchacha sufre y sueña, en medio de escenarios kitch, donde un universo de burbujas, telas, manos y plantas se proyectan hasta los mismos ojos del espectador y al virtual espacio táctil. Novela Rosa es una experiencia única que hasta ahora no existía. Fueron cuatro presentaciones en la ciudad, pero confío que de repetirse, te animes a vivirla.

Teatro Piccolino- Dirección Marianela Fasce 31/08/07

 experiencia-rosa

 


Juan Pablo y yo, estuvimos por la ciudad de Rosario, recibiendo el premio de historieta de “Fontanarrosa” donde la gente de la organización nos trató super bien. Aunque el clima nos pasó por agua. p1020768Aquí frente a uno de los afiches del evento.


!Gracias a todos los que apostaron a “Tenedor Libre” y nos votaron!1


78 KM/ H: Comic

Huyendo del sol

El 9º arte tiene antecedentes en Argentina de autores con talento y prestigio internacional. Y por suerte, la producción nacional no se ha detenido, continua creando. Tanto dibujantes como guionistas apuestan a nuevas historias, como es el caso de 78 km/h, donde proponen un relato futurista en la que la humanidad debe huir del sol  para mantenerse con vida, a una velocidad suficiente para no ser calcinados, en el medio una historia de amor, pasiones y secretos. Tanto la narración del dibujo y el color es consistente y sostenida. Mantella/Aira/Nobille  Gárgola Ediciones

 

 


“3 am”

26Sep08

Dibujado por Luciano Vecchio, de próxima aparicion en la antología”Ábreme”en España

"3 am"


Dibujado por Muriel Frega, de proxima aparicion en España en la antología. “Ábreme”

El collar de Lilith

El collar de Lilith


Fragilidad

04Jul08

Fragilidad

 

Los dedos recorren la piel fina e inocente,

la propia naturaleza te reconoce como parte suya

y factor absoluto de su esencia más intima.

Las risas de tus movimientos

me recuerdan el principio de todo lo que empieza a crecer,

desde su nacimiento.

El contraste de lo que ya está acabado.

Y la luz que emana tu tacto es demasiado desgarrante

para quedarme inmune.

El deseo de quebrar lo rompible

no podría ser más intenso ante tu presencia.

Momentos son,

de vivir lo sutil y efímero de tu esencia.

 

 


El Sueño

16May08

Escribí este cuento para un concurso de cuentos de terror, que nunca envié, por encontrarlo fuera del género. Continúo convocando a quienes quieran aportar imágenes para ilustrarlo.

El chofer está llegando a la esquina. Marta, como siempre, me mantiene divertido, siempre tiene buenas ideas para eso; al fin y al cabo su carrera va en ascenso y creo tener mucho mérito en ese punto. Su negra figura corre hacia el local de venta de vestidos. No hace falta que me diga cuál prenda eligió para su boda, conozco su gusto, la conozco demasiado; es blanco, con lentejuelas, escote princesa, bordado con formas de hojas de laurel.

Yo permanezco dentro del auto, con el negro que Marta consiguió para mí, en la Boca Norte, en la zona de cantinas. Lleva un traje amarillo, de mal gusto, bocón, siempre sonriente, la expresión de los ojos es burlona, como si no pudiera parar de reírse nunca. El brillo de los ojos es pequeño, pero pequeño de verdad. Y él sabe exactamente para qué lo sacamos de su agujero, para mi diversión.

Le grito a Marta, desde la ventanilla. Ella me sonríe, como jugando. Siempre estamos jugando.

Ya me cansé del negro, me aburrió, quiero que volvamos al hotel. Ella me hace señas de que la espere un minuto.

El negro me mete la mano entre las piernas, la saco. Estoy asqueado. Él se ríe, burlón y malvado. Con expresión satisfecha.

Después me coloca en la mano un mazo de cartas, están envueltas en una tela a violeta, me dice que saque tres de ellas. No me obliga a hacerlo, pero en algún punto no tengo opciones. Las miro: la muerte, la decadencia, la sangre. Son cartas que no identifico, pero que entiendo. Miro por la ventanilla del auto. Marta mira un vestido en la vidriera, está salpicado de sangre, y su vientre está manchado de sangre también.

Me despierto. Un sabor amargo y pastoso en la boca. Otra vez ese sueño del cual no tengo exacta memoria. Veo un hombre, que tendría que ser yo, tal vez rubio, pero no soy rubio, vestido a la moda de los cuarenta, pero no vivo en esa época. Homosexual, buscando sexo, en compañía de una amiga famosa, cocainómana.

No recuerdo ningún nombre de los que se escuchan. Pero no soy yo, estoy seguro. Necesito llamarte por teléfono, hablarte. Marco tu número, sólo espero que me atiendas cuando tengo este sueño, tu voz me tranquiliza.

Atendés. Es una suerte que existas, Marta.

Ya es hora de salir hacia el trabajo. Me miro en el espejo, no soy feliz, no reflejo eso.

El sabor amargo y metálico me perdura en la boca. También me perdura la imagen de la sangre saliendo del cuerpo de esa mujer desconocida. Una y otra vez en mi retina. Repetición.

El subte. La sangre. El diario de hoy. La mano entre mis piernas. Mi maletín. El ascensor. Un cuchillo.

Te llamo, hoy es viernes, los viernes salimos a cenar.

Todos los viernes discutimos el menú. Te conozco demasiado, sos tan familiar. Cuatro años de familiaridad, no dormimos juntos. ¿Cuando fue la última vez?

Tengo sueño…

Y el reloj otra vez en la mesa de luz, y el techo gris, luz de la calle entrando por la ventana. Me sumerjo.

En la barra de un bar tomo wisky, me río con afectación. Dos chicos de traje me halagan y me hacen reír. Sé perfectamente que es por interés.

Pero el rubio de saco rayado, me gusta, me hace fantasear con una noche sobre su pecho rubio.

Marta está cantando esas melodías que la hicieron famosa en Bogotá, en Nueva York, (no hay que olvidar que sin mí no habrías salido del bar donde te encontré).

¡Como te movés viniendo hacia la barra! El rubio te mira, ya no soy el centro de su atención. Te odio. Me siento simbiótico con vos, y algo en eso me obliga a pensar en tu destrucción: que caigamos los dos en el mismo infierno.

- Marta: ¿cómo estuve? Hubo mucha gente aplaudiendo de pie ¿los viste?

-Claro, fuiste una diosa que encandilaba y seducía.

-Jajaja.

Hablamos con los chicos de traje, dos niños bien, aburridos de su vida solucionada y cómoda. Buscando en qué divertirse.

La limo nos espera en la puerta del Cotton, nos vamos los cuatro. Champán, cocaína, besos. Tu apartamento. Me olvido que te odio por hoy.

Me despierto en erección. Excitado con una orgía que no es la mía. Con hombres, con una mujer oliendo a alcohol que no conozco. No entiendo nada. Tengo resaca. No tomé alcohol anoche, pero tengo dolor de cabeza y me siento mal. Llamo al trabajo, no puedo ir con este grado de sensación irreal que me aturde. Trato de pensar en vos, el hermoso recuerdo del viaje a Colón. Hace tanto tiempo, ya. En realidad hace sólo dos años.

Me miro los puños y los tengo cerrados e intento recuperar las últimas sensaciones antes de este momento, y no puedo. Algo me remite a la sensación de tener tetas. ¿Pero qué mierda es esto?

Vagabundeo por la ciudad. Compro una lata de cerveza, la tomo en una plaza, tratando de marearme con información. Vuelvo a casa, nadie me llamó. Nadie preocupado por mis extraños procesos. Trato de pensar en mis amigos, en el picado de los jueves, pero no puedo, no soy yo, ya no soy yo el que habla de fútbol con los pibes del laburo.

Mis amigos. Pato, anda corneando a la mujer con una pendeja de secundario (ojo tiene dieciocho)! Pero también con la con la facha que tiene!… y esos ojos verdes que te miran como…

Y estoy en la cocina. Y estoy con un cuchillo en la mano.

Placer que tiene que ver con el sexo, y me hace arder en algún punto entre el estómago y el pecho. Y me da placer, más placer…

Salgo desesperado a la calle, no veo a la gente, ni a los edificios. Un callejón: me siento en el piso contra una pared, jadeante, excitado. Dos chicas se saludan en la esquina. Una cruza la calle. Y yo sólo tengo una intención. Desgarrarla, sentir la sangre caliente.

La tumbo desde las pantorrillas. Sangre. El recuerdo de un vestido salpicado, en la vidriera.! Y como quema mi estömago! ! Quema! Después, un recuerdo que me asalta: estoy en la cama con una almohada, la até con una corbata y la di forma de mujér, tengo una navja y la estoy clavando muchas veces, donde debería estar su estómago. Me siento caliente.

Me aterroriza dormirme, pero el cansancio me obliga. El reloj, el techo y el terror de nuevo… tengo sueño.

El productor resultó ser un ex amante mío. Canoso atlético, muy culto. Nunca me perdoné haberle hecho una escena de celos por ser el segundo en prioridades. Me gustaba de verdad.

Marta lo seduce. Con esa gracia de mulata que lleva en la carne. Yo me debato entre mis intereses y la envidia de saber que esta noche no voy a ser yo a quien tenga entre sus piernas. Marta se va con él. Yo deambulo por las calles.Me emborracho para anestesiarme.

Tengo la llave del apartamento de Marta, ella duerme después de una noche agitada.

¡Basta! De sueños que no son míos. Pensamientos que no son míos. Sé quién soy, quienes son mis amigos, quién es mi mujer: Marta.

Mi trabajo, mis libros, mi pasado.

Hace frío, no entiendo exactamente por qué estoy desnudo y mojado. Miro por la ventana, está cerca el amanecer. Miro el cuerpo blanco, demasiado blanco quizás. El estómago de Marta está destrozado, como si alguien hubiera escarbado con saña para encontrar su matriz. No busco explicaciones pero siento una paz indescriptible.


Inspiraciones Africanas, entre la modernidad y la herencia ancestral

Se intercalan máscaras de dioses antiguos, atuendos de médicos brujos, cucharas ceremoniales y objetos ajenos a nuestras referencias. Símbolos milenarios a los cuales el artista argentino Roberto Entyre resignifica, los abstrae, desmenuza y vuelve a armar su propio rompecabezas. Recurre al arte primitivo como una reflexión, manteniendo el misticismo trasformada en pintura actual, llena de textura visual y táctil, para hacernos concluir que la expresión del hombre es transmisible, compartida, y reconciliadora entre dos culturas distantes.

El Centro Cultural Borges y la Embajada de Sudáfrica inauguran el 25 de abril a las 19 horas la muestra Inspiraciones Africanas: Entre La Modernidad Y La Herencia Ancestral

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14/12/1986

08May08

Fotografía de Gerardo Alvarez Sukis

Anoche dormí con Juliana, me pareció suave, inexperta, olía bien. Ella se despertó temprano y se fue desnuda hasta la playa. Los demás aún dormían, algunos por el piso, otros en el sofá. Demasiada resaca para darse cuenta de que las olas rompían suaves en la arena.
Es raro como los días este verano pasan eternos.

Armo un porro, confío que el olor va a despertar al Galenso y a Dorita. Quiero desayunar, pero no quiero ocuparme de eso.

Alguien dijo anoche, creo que fue Jonny, que tal vez hoy llegaban los dueños de la casa donde nos metimos. Una mierda, la arena para dormir es una mierda.

Jonny me saca el porro de las manos, huele a sudor. Todos olemos a sudor a sol y a mar.

Alguien hace mate, los restos de la noche se diluyen. Imágenes fundidas sin tiempo.

No quiero volver a casa, no quisiera volver nunca a ningún lado.

A Dorita no la dejamos fumar, por la panza. También creo que no debería coger. Eso, solo lo pienso, no se lo digo. Algo me dice que no está bien para el bebé.

Pam y Jonny están corriendo hacia la playa, desnudos, me miran, me invitan. Me saco el short y corro, y doy saltos hasta llegar al agua. El pelo de Juliana se le pegó en las tetas. Como en un cuadro, pienso, como una diosa.

Jonny me sube a los hombros y me tira al agua. Jonny es fuerte, tiene siempre la piel caliente. Nos gustamos. Todos nos gustamos. La playa es nuestra, los colores que hay nos ponen nerviosos, calientes.

Por la tarde me tiré en la arena con Pam y hablamos de música vieja, psicodelia, y de las grandes verdades que encerraban las canciones. Fueron maestros, decimos convencidos “People are strange…”, cantamos en un inglés dudoso. No volvemos directamente a la casa, vamos hasta la piedra negra caminando por la espuma. Pam corre con los brazos en alto delante de mí. Se agacha, me llama con la mano. Está emocionada, encontró alas de gaviota, están secas. No hay rastros del cuerpo por ninguna parte, están unidas y estiradas, como en vuelo. Blancas plumas entre huesos amarillos. Pat ahora las lleva por arriba de la cabeza y baila.
Va a ser una noche especial, voy a bañarme. Se habla de un fogón, de una botella de gin, de jugo, y de arroz para la cena. Tengo una camisa blanca, de viejo, que encontré en un placard de la casa, pero con el collar de semillas me hace sentir un monje, o un antiguo hippie, me siento bello. Pam inventó un turbante con tela violeta, y se pintó de negro los ojos. Y lleva debajo del brazo las alas de gaviota. El ritual comienza.
Uno de los tambores es de Jonny, de madera con cuero de parche y todo, los otros son tarros. Bailamos, y tocamos, Jonny y Juliana mientras tocan los tambores se miran como si estuvieran hablando. Los tambores también hablan. Después nos bañamos en el mar, bebemos, fumamos, algunos nos besamos. Después, todo se me hace borroso.

Pienso que es el sol el que me despertó, después veo a Pat sentada en la arena con los ojos bien abiertos. Está asustada. Se escuchan gritos. Corremos hacia la casa, hay varios tipos afuera, Jonny trata de hablarles, tranquilizarlos. Después de todo es el más grande del grupo (cumple diecinueve el martes). Nos empujan. Son demasiados, Dorita llora y arrastra su mochila. ¡No hicimos nada malo! -explica el Galenso.

Juliana todavía les está gritando, Pat se la lleva de la mano.

Tal vez por la resaca o la falta de apego, nos vamos mansamente. Ya habíamos pensado en quedarnos en el bosque. Tenemos una lona naranja y tres bolsas de dormir.
A la tarde no estamos de ánimo. Pam y yo igual caminamos hacia la roca negra. Como en una cita.
Vemos venir corriendo al Galenso, algo no está bien: ¡…es Dorita, algo le pasó…!

Debajo de la lona, Dorita esta sentada de espaldas con el bebé envuelto en una sábana. Las piernas las tiene chorreadas de sangre. Cerca hay una masa gelatinosa, medio tapada de arena. No estaba listo para salir, nos explica Jonny. Todos vieron al bebé, yo no me animo. La cara de Dora tiene un tinte gris, y la boca está cerrada fuerte, como enojada.

Pat, nos habla de los indios, y de almas viejas. De lunas y del tiempo circular. Es la mujer más especial que conocí en mi vida. A la noche, todos, vamos hasta la roca negra. Jonny ya cavó una tumba. Me siento inútil y no quiero estar ahí. Pat le pide el cuerpo a Dora, le ata las alas de gaviota a la espalda. Es una buena idea, pienso. Lo pone en el pozo y lo encerramos con tierra.

El Galenso ya hizo la fogata, y además trajo una botella que tiene gusto a anís. En la etiqueta tiene letras árabes o algo así. Jonny y Pat tocan despacio los tambores. Juliana canta una canción en portugués, no entiendo lo que dice. Dorita esta envuelta en una frazada en una esquina, sola. ¿Se acuerda de alguien?

Me abrazo las rodillas y miro el fuego, Jonny y el Galenso, también se abrazan. Dormimos en la arena.

Me despierto cuando el sol está alto, no hay nadie cerca, la fogata está apagada. Corro hasta la lona, pero el lugar esta vacío. Recojo mis cosas, voy hasta el camino. El sol pega fuerte, y tengo sed. El pueblo está vacío, veo salir al Galenso de un mercado con una bolsa de pan. Me acerco, me abraza y me desea suerte. No me salen preguntas de la boca. En realidad no las tengo. Camino despacio hacia la ruta, y me dispongo a hacer dedo.

Fotografía de L.Vecchio