14/12/1986
Fotografía de Gerardo Alvarez Sukis
Anoche dormí con Juliana, me pareció suave, inexperta, olía bien. Ella se despertó temprano y se fue desnuda hasta la playa. Los demás aún dormían, algunos por el piso, otros en el sofá. Demasiada resaca para darse cuenta de que las olas rompían suaves en la arena.
Es raro como los días este verano pasan eternos.
Armo un porro, confío que el olor va a despertar al Galenso y a Dorita. Quiero desayunar, pero no quiero ocuparme de eso.
Alguien dijo anoche, creo que fue Jonny, que tal vez hoy llegaban los dueños de la casa donde nos metimos. Una mierda, la arena para dormir es una mierda.
Jonny me saca el porro de las manos, huele a sudor. Todos olemos a sudor a sol y a mar.
Alguien hace mate, los restos de la noche se diluyen. Imágenes fundidas sin tiempo.
No quiero volver a casa, no quisiera volver nunca a ningún lado.
A Dorita no la dejamos fumar, por la panza. También creo que no debería coger. Eso, solo lo pienso, no se lo digo. Algo me dice que no está bien para el bebé.
Pam y Jonny están corriendo hacia la playa, desnudos, me miran, me invitan. Me saco el short y corro, y doy saltos hasta llegar al agua. El pelo de Juliana se le pegó en las tetas. Como en un cuadro, pienso, como una diosa.
Jonny me sube a los hombros y me tira al agua. Jonny es fuerte, tiene siempre la piel caliente. Nos gustamos. Todos nos gustamos. La playa es nuestra, los colores que hay nos ponen nerviosos, calientes.
Por la tarde me tiré en la arena con Pam y hablamos de música vieja, psicodelia, y de las grandes verdades que encerraban las canciones. Fueron maestros, decimos convencidos “People are strange…”, cantamos en un inglés dudoso. No volvemos directamente a la casa, vamos hasta la piedra negra caminando por la espuma. Pam corre con los brazos en alto delante de mí. Se agacha, me llama con la mano. Está emocionada, encontró alas de gaviota, están secas. No hay rastros del cuerpo por ninguna parte, están unidas y estiradas, como en vuelo. Blancas plumas entre huesos amarillos. Pat ahora las lleva por arriba de la cabeza y baila.
Va a ser una noche especial, voy a bañarme. Se habla de un fogón, de una botella de gin, de jugo, y de arroz para la cena. Tengo una camisa blanca, de viejo, que encontré en un placard de la casa, pero con el collar de semillas me hace sentir un monje, o un antiguo hippie, me siento bello. Pam inventó un turbante con tela violeta, y se pintó de negro los ojos. Y lleva debajo del brazo las alas de gaviota. El ritual comienza.
Uno de los tambores es de Jonny, de madera con cuero de parche y todo, los otros son tarros. Bailamos, y tocamos, Jonny y Juliana mientras tocan los tambores se miran como si estuvieran hablando. Los tambores también hablan. Después nos bañamos en el mar, bebemos, fumamos, algunos nos besamos. Después, todo se me hace borroso.
Pienso que es el sol el que me despertó, después veo a Pat sentada en la arena con los ojos bien abiertos. Está asustada. Se escuchan gritos. Corremos hacia la casa, hay varios tipos afuera, Jonny trata de hablarles, tranquilizarlos. Después de todo es el más grande del grupo (cumple diecinueve el martes). Nos empujan. Son demasiados, Dorita llora y arrastra su mochila. ¡No hicimos nada malo! -explica el Galenso.
Juliana todavía les está gritando, Pat se la lleva de la mano.
Tal vez por la resaca o la falta de apego, nos vamos mansamente. Ya habíamos pensado en quedarnos en el bosque. Tenemos una lona naranja y tres bolsas de dormir.
A la tarde no estamos de ánimo. Pam y yo igual caminamos hacia la roca negra. Como en una cita.
Vemos venir corriendo al Galenso, algo no está bien: ¡…es Dorita, algo le pasó…!
Debajo de la lona, Dorita esta sentada de espaldas con el bebé envuelto en una sábana. Las piernas las tiene chorreadas de sangre. Cerca hay una masa gelatinosa, medio tapada de arena. No estaba listo para salir, nos explica Jonny. Todos vieron al bebé, yo no me animo. La cara de Dora tiene un tinte gris, y la boca está cerrada fuerte, como enojada.
Pat, nos habla de los indios, y de almas viejas. De lunas y del tiempo circular. Es la mujer más especial que conocí en mi vida. A la noche, todos, vamos hasta la roca negra. Jonny ya cavó una tumba. Me siento inútil y no quiero estar ahí. Pat le pide el cuerpo a Dora, le ata las alas de gaviota a la espalda. Es una buena idea, pienso. Lo pone en el pozo y lo encerramos con tierra.
El Galenso ya hizo la fogata, y además trajo una botella que tiene gusto a anís. En la etiqueta tiene letras árabes o algo así. Jonny y Pat tocan despacio los tambores. Juliana canta una canción en portugués, no entiendo lo que dice. Dorita esta envuelta en una frazada en una esquina, sola. ¿Se acuerda de alguien?
Me abrazo las rodillas y miro el fuego, Jonny y el Galenso, también se abrazan. Dormimos en la arena.
Me despierto cuando el sol está alto, no hay nadie cerca, la fogata está apagada. Corro hasta la lona, pero el lugar esta vacío. Recojo mis cosas, voy hasta el camino. El sol pega fuerte, y tengo sed. El pueblo está vacío, veo salir al Galenso de un mercado con una bolsa de pan. Me acerco, me abraza y me desea suerte. No me salen preguntas de la boca. En realidad no las tengo. Camino despacio hacia la ruta, y me dispongo a hacer dedo.
Fotografía de L.Vecchio
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que no se termine el verano!
gritaba en la ruta a la falsa pampa
y todo se volvía aceptación
Lo mejor que leí en los últimos 12 meses sin lugar a dudas, increíble obra de arte. Felicidades.
Gracias por tu comentario! Lo escribí sin pensar demasiado, tratando de meterme en el personaje.